31/3/10


Esta noche recuerdo cuando éramos chicos y jugábamos al poliladron, a la mancha y a la botellita, y nuestra mayor preocupación era conseguir esa figurita que nos faltaba para llenar el álbum, cuanto faltaba tanto para llegar a este día.

Me acuerdo de los chicos más grandes, tan grandes, que me parecían gigantes y que queríamos ser como ellos, tener por lo menos 15 años, porque eso ya era ser grande.

Me acuerdo cuando subimos las escaleras para ir a 7º con la incertidumbre de lo que iba a pasar porque era todo nuevo y me parece que fue ayer, pareciera como si todo hubiera pasado en 15 minutos.
Pero hoy, después de tantos años levantándonos a la misma hora para venir al mismo lugar, para ver las mismas caras dormidas, compartiendo el mismo parque, sé que pudimos crear algo, aunque todos seamos distintos y tengamos nuestros defectos y virtudes, crecimos juntos, compartimos vivencias y construimos a lo largo de los años amistad, compañerismo, respeto y cariño.

Pero quizás una de las cosas que más nos une es que aprendimos juntos, y no solo lo que era necesario según el programa escolar, aprendimos muchas cosas más, aprendimos que hay que ser tolerante, que siempre es mejor reír que llorar, que cada persona es una sorpresa que vale la pena conocer, y que, en este colegio, siempre hay alguien que esta dispuestos a escucharnos cuando es necesario.

Por eso ahora tenemos la certeza, inexplicable para los que nunca lo conocieron, que este es el mejor colegio, que nunca nos vamos a arrepentir de haber estado acá, y nos dan ganas de agradecerles a nuestros papás por tan buena elección.

Pero nunca pensamos que el colegio se iba a acabar, siempre pareció nos que iba a durar toda la vida o, por lo menos, muchos años. Pero un día, cuando pones la fecha en la carpeta te das cuenta que estas en el mes número once, que el tiempo corre, y corre rápido, que años de tu vida se pasaron volando y que falta un mes para terminar el colegio.

Ahí caes en la cuenta de que en Marzo del año que viene no vas a volver a entrar por esa puerta, que no vas a ponerte el uniforme nunca más, que nadie va a volver a retarte con ese tono tan paternal como lo hacían Ale, Silvia y Juan Carlos, que nunca vas a volver a encontrar un profesor de matemática tan bueno como Luengo, o una profesora tan copada como María Jesús y vas a extrañar verle la cara a Moni todos los días, pintar con Marcela y hacerle preguntas extrañas a Ana K, y sabes que nunca te vas a olvidar de Sonia y de su entusiasmo, de Carla tratando de callarnos, de Susan diciéndote algo que no entendes y de Andrea explicando por qué el país está como esta.

Y ahora que nos pasamos días enteros hablando sobre el resto de nuestras vidas, proyectando el futuro, preguntándonos donde vamos a estar cuando tengamos 25, 30 o 40 años, dudando si vamos a poder con lo que viene ahora, nos damos cuenta, con cierta melancolía, que esta etapa ya se termina, que ya se terminó. Y llega a nosotros esa sensación de que la vida comienza recién ahora y que cada uno va a tomar el camino elegido, pero sea cual sea ese camino nunca dejaremos de recordar todo lo vivido.

Pareciera obligatorio que junto al recuerdo se sienta melancolía pero hoy no debería ser una fecha llena de tristeza y llanto, tendríamos que desbordar de alegría por haber tenido la oportunidad de compartir estos años con personas tan geniales y únicas.

Por eso más que recordar tendríamos que prometer no olvidar, no olvidarnos de los momentos que pasamos juntos, buenos o malos junto a los que se quedaron, a los que se fueron o a los que volvieron; porque después de tantos años juntos, todos contribuimos a crear la personalidad del otro, en todos nosotros existe una huella de cada compañero que paso por acá, de haber faltado alguno de nosotros en esta historia todo sería distinto, porque nadie es innecesario en este grupo.

Pero no se olvida, cuando existe la amistad y el respeto. Por eso hoy tampoco existe una despedida ni un adiós, esto es, más bien, un “hasta luego”, un “nos vemos dentro de un rato”.

Y dentro de un rato cuando nos volvamos a encontrar, aunque ese rato sea dentro de un mes o de cinco años, no te sorprendas si te abrazo desesperadamente y tampoco lo hagas cuando en vez de decirte “chau “ te diga “ nos vemos mañana”.

Por último los chicos de tercero polimodal queremos decir gracias, a todos los que estuvieron junto a nosotros enseñándonos, maestros y profesores: Beti, Fabi, Adriana, Delicia, Cristina Hordij, Ana Laura Maizels, Fabián Lecam, Alicia, Maxi, Claudia Sánchez, Paula Albornoz, María de San Martin, Alberto Miguez, Carlos Vásquez, Hugo, Pato, Pata y José Luis Veronesi;
Agradecerle también las personas que hacen que este colegio sea lo que es, desde Mario, Laura y Marcelo hasta Mincho y Raúl.

Queremos pedir perdón si en algún momento no valoramos lo que teníamos acá.

Y que por favor no nos olviden, manténganos las puertas abiertas cuando volvamos a visitarlos y a imaginar por un segundo que todo esto todavía no se terminó.

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